SÁBANAS EN RE MENOR
Libro en proceso de corrección.
Hay textos que no avanzan: insisten. Este se escribe desde la persistencia del recuerdo, la frecuencia y el desgaste. No reconstruye una historia ni la explica. Observa cómo se sustentan y cómo se desploman ciertas arquitecturas íntimas. Lo que queda cuando ya no hay relato, solo restos, ritmo y memoria.
SOPLA EL CASTILLO DE NAIPES
Habrá que comenzar desde abajo:Apoyadas en un solo punto, inclinadas de forma insultante y progresivamente separadas por esa distancia que es cada vez mayor conforme se acercan a la abscisa.Casi cabeza con cabeza, a poco de vomitarlo todo, formando un ángulo perfecto de treinta grados y escoltando, a pie de tapete, tres parejas idénticas en alineación rigurosa. Sobre el primer par un deseo; el segundo sujeta las noches perdidas que le sobran al tercero, y culmina el piso superior, encima del cuarto, aquella historia singular y caprichosa que nunca terminó de cuajar pero siempre estuvo ahí incordiando.Tantas más pisaron negligentes. Y al final, dos a dos, cargando los cimientos olvidados, construyendo una nueva historia con sus tres parejas… y luego un sueño subiéndose a la primera… y luego un año que se escapó pisando la segunda… y luego un naipe perdido que escondía su propia carta, presumiendo de dorsal.[...]Soplan para que caiga y descubra, ya en suelo y en posición anatómica, que ha ido siempre de farol.Suelen contar que fue así como se supo que faltaban ases, y que fue así como aquella carta traicionó al resto de cartas, naipes que se engalanaron de castillo en su momento y que ahora son una fosa común de rectángulos reprochándole las normas al juego, repartiendo asquerosamente sus entrañas, picas y corazones, a la espera de que alguien rompa la baraja.
SÁBANAS EN RE MENOR
Ocupa la habitación, con falsa indecencia, esa luz tenue e intermitente, la de las teles a través de las cortinas cuando en verano todo el mundo abre las puertas de los balcones de par en par, la misma que da color a ese rincón al fondo del callejón.Y ya no huele a nada y la noche va aplastando los recuerdos lúcidos y repentinos que se marchan como vienen, serpenteando por los agujeros que acabarán desembocando en otra ciudad caprichosa.Con los mismos signos de cansancio antes de que el reloj se dé la vuelta, con las mismas miradas apuntando al cielo desde los mismos ventanales, esperando a que llegue la hora de abandonar aquellas paredes, dejando atrás una legión de espectros sordos y las sábanas en re menor.[...]Entonces todo serán calles de antes de agosto, calles de casi agosto, que son las calles de agosto con ese encanto de los preparativos que no tiene la celebración.Caerán los minutos primeros y segundos como gotas indecisas que acaban segregándose al fin. Caerá también el día y caerá lo que resta de esperanza con él.Subirás a oscuras las escaleras y otra vez frente a la puerta podrás imaginar el milagro, la resurrección de aquellas almas y el arreglo armónico de la ropa de cama cuando resbala por el cuerpo de lo ajeno con una bola atada al pie.
